martes, 17 de septiembre de 2013

Iglesia de San Antonio de Maturín,

Iglesia Colonial de San Antonio de Capayacuar
Es de estilo Barroco construido por el ingeniosos Fraile Capuchino Juan de Aragues para el pueblo misionero de San Antonio de Capayacuar. Su construcción data de 1794, declarado Monumento Histórico Nacional en 1960.
Consta de tres naves de igual elevación con bóvedas por aristas que sustentan hermosas columnas de madera. El interior conserva algunas pinturas y murales en buen estado; existe un cuadro de la última cena, pintado en lienzo por Lorenzo Rodríguez a principios de siglo XX.
En el centro del templo, en la base interior de la cúpula se encuentra la cabeza de una vaca; pintura que presenta el evangelista San Lucas, acompañado de la figura del Buey cuya cabeza solamente puede verse; lo que ha llamado la atención de la gente. Es la mirada fija de esta figura que parece seguir en sus movimientos a las personas que las observan desde cualquier ángulo, originando este hecho de perspectiva.
En la parte interna de la Iglesia reposan los restos de Fray Jerónimo de Muro, pero no esta al alcance de las personas que llegan a este lugar a cumplir con sus misiones católicas.

Catedral de Maturín....

Catedral de Nuestra Señora del Carmen.....
Orgullo de Oriente
Ubicada en la Capital del estado, Maturín, esta es una verdadera obra arquitectónica con una superficie total de 2310 mts2 y una cúpula que mide 44.50 mts de altura por 18 mts de diámetro. Fue culminada en 1981 y esta decorada con el hermosos vitrales. Por la altura de sus cúpulas se considera la segunda más alta de Latinoamérica antecedida por la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en México.
Gracias a la labor difusora de la Diócesis de Maturín, la comunidad monaguense siempre se ha caracterizado por tener un singular afecto por la vida cristiana y muestra de ello es su imponente Catedral que sin lugar a dudas es una de las más valiosas joyas de la arquitectura moderna de la Venezuela contemporánea.
Fue inaugurada el 23 de Mayo de 1981 luego de casi 22 años de construcción, pues la primera piedra fue colocada el 16 de julio de 1959, precisamente el Día de Nuestra Señora del Carmen a quien esta dedicada dicha casa de Dios de forma cruz latina. Internamente su encanto artístico esta reflejado en sus 36 vitrales laterales multicolores y 7 vitrales centrales en donde están representados San Marco, San Mateo, San José, Nuestra Señora del Carmen, San Simón y San Lucas quienes en su extremo inferior tienen el escudo emblemático de Venezuela y los estados orientales y en su extremo superior el símbolo que identifican los santos con un animal.
Por otra parte, en la hermosa catedral de Maturín se puede apreciar varias imágenes religiosas que llaman la atención de propios y extraños. Allí se observan a Nuestra Señora del Carmen, el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen del Valle, la Dolorosa que es obra del afamado escultor monaguense Eloy Palacios y finalmente destaca la figura de Jesucristo quien es el centro de adoración de Maturín una Ciudad religiosa y distinta.
Fotografías Cortesía de KL DATA C.A.

Parque Nacional El Guácharo,Alejandro de Humbolt

Naturaleza Espectacular.... Parque Nacional El Guácharo
Este parque, con una superficie de 62.700 hectáreas, se encuentra ubicado entre los Estados Monagas y Sucre, cerca de Caripe. La temperatura promedio va de 16°C a 24°C. En el interior de la cueva es de 19°C. El clima es húmedo con precipitaciones de 1.400 mm anuales. El Parque Nacional El Guácharo fue decretado parque nacional el 25 de mayo de 1975, con el fin de garantizar los procesos naturales hidrogeológicos y biológicos que se cumplen en la Cueva del Guácharo, declarada monumento Natural en 1949.
El Parque Nacional El Guácharo posee una variada vegetación, esto se debe a la temperatura media de 21°C y a la zona montañosa con lluvias frecuentes, donde la altura alcanza un máximo de 2.000 metros. Las especies más comunes aquí son el laurel, el guayabito, el bucare, el matapalo, platanillo, el candil, el saisai y el cenicero, así como trepadoras, piperáceas, orquídeas y helechos. Se localizan algunas especies animales como el jaguar, el puma y el cachicamo, también se pueden observar los monos araguato y capuchino, los venados matacán y caramerudo, la lapa, el báquiro careto, el zorro guache y el tapir, entre otros.
Predomina el guácharo entre las aves, ave nocturna que dió el nombre al parque, así como una variedad de atractivos pájaros como el paují de copete, la guacharaca, la pava uguira, la paloma morada, el pico de frasco de esmeralda, el turpial y especies endémicas como el fafao gargantiblanco, la diglossa negra y el ala de sable gris.
El mayor atractivo del parque es la Cueva del Guácharo. Sin embargo, En los alrededores de la cueva existen varios caminos para la práctica de treking que van a diferentes ríos y caídas de agua, como
Salto La Paila
Ubicado frente a la Cueva del Guácharo, este salto se caracteriza por una caída de agua que se desliza por una formación rocosa de 60mts de altura, que observándose horizontalmente se aprecia el nombre que la define, el acceso se hace a través de caminerías construidas en variedades de piedras que se encuentran en sus alrededores, y su recorrido tiene una duración de 25 minutos
Salto El Chorreron
Impresionante cascada de 90mts de altura dentro de la imponente Serranía del Turimiquire, su agua fría y cristalina que se precipitan en medio de la poza, reflejan el cielo y el paisaje a su alrededor. Es un paisaje muy excitante para el disfrute del turismo de aventura, el recorrido parte de la Parroquia Sabana de Piedra, específicamente por las laderas del Parque Nacional el Guácharo.
Dado que el parque se encuentra ubicado en el Macizo de Caripe y estas formaciones rocosas han sufrido una acción disolvente por acción de las aguas subterráneas, se han originado una serie de cavernas y otras formaciones, de gran atractivo, tales como:
CUEVA CLARA: En 1964, Raúl Alvarado, Marcos Sandoval, Ramón Hernández y Carlos Tinoco G, complementaron la explotación de la cueva grande y del sistema constituido por: cueva clara, cueva sucia y cueva mala. La entrada principal a esta caverna es una de las mas importantes vistas en Venezuela y desde el interior parece reproducir el perfil de una cabeza humana. El salón que se encuentra al entrar, mide 105 mts. De longitud por 35 mts. De ancho en su centro y esta prácticamente iluminado en su totalidad. El piso tiene una pendiente hacia el sur, por donde corre un riachuelo que se sumerge entre rocas, en el extremo oeste del salón, la pendiente se forma por bloques elásticos cubiertos por una gruesa capa de semillas de las frutas que sirven de alimentos a los Guacharos.
CUEVA SUCIA: La entrada de la cueva se encuentra al norte del municipio Caripe, es de difícil acceso, tiene una altura de 15 mts. y un ancho de 5 mts; una pendiente de orientada hacia el noreste; por ella sale el riachuelo al exterior de la cueva, el cual descarga sus aguas en el Río Arcacuar afluente del Rió Caripe. Cuenta con una amplia galería de 185 mts. aproximadamente incluyendo dos galerías más que regresan a la galería principal que conduce a una resurgencia intermitente.

La Naturaleza, Nos Ofrece lo Más Bello!!!Protejamosla!!!


El 90% del deshielo de la Antártida se produce en el fondo del océano

16 septiembre 2013 | Haga un comentario


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Un estudio, dirigido por un grupo de expertos, utilizó datos de satélites y modelos climáticos para demostrar que la licuefacción de la plataforma subacuática tiene un impacto tan grande como la fractura de un iceberg para zonas específicas e incluso para la Antártida en su conjunto


Una investigación en Reino Unido reveló que la Antártida pierde más hielo de lo previsto debido a la fusión de la parte inferior de las plataformas sumergidas, lo que representa hasta un 90 por ciento del deshielo en algunas zonas.
De acuerdo al portal RT, estos resultados son cruciales para entender cómo la capa de hielo interactúa con el resto del sistema climático y, en particular, con el océano.
La creación y la fusión de icebergs hace que unos dos mil 800 kilómetros cúbicos de hielo se separen de la capa de la Antártida cada año. La mayor parte de ésta es compensada por las nevadas, pero cualquier desequilibrio contribuye a un cambio en el nivel global del mar.
Hasta ahora, los expertos suponían que la fractura de los iceberg era el proceso responsable de esta gran pérdida; es decir, la ruptura de bloques de hielo en el borde de un glaciar.
El estudio, dirigido por académicos de la Universidad de Bristol, con colegas de la Universidad de Utrecht, Países Bajos, y la Universidad de California, Estados Unidos, utilizó datos de satélites y modelos climáticos para demostrar que esta licuefacción de la plataforma subacuática tiene un impacto tan grande como la fractura de un iceberg para zonas específicas e incluso para la Antártida en su conjunto.
Tras analizar los datos obtenidos a partir de imágenes vía satélite y por expediciones antárticas, los investigadores llegaron a la conclusión de que para algunas plataformas de hielo la fusión en su parte inferior podría ser responsable de hasta el 90 por ciento de la pérdida de masa, mientras que para otras zonas era sólo del 10 por ciento.
“La comprensión de cómo el mayor glaciar del planeta pierde hielo en los océanos es uno de los aspectos más fundamentales que necesitamos conocer sobre la Antártida. Hasta hace poco se asumía que la mayor parte del hielo se perdía a través de icebergs”, explicó el profesor Jonathan Bamber, de la Escuela de Ciencias Geográficas de la Universidad de Bristol.
En ese sentido, apuntó que “ahora nos damos cuenta de que la fusión por debajo de las plataformas de hielo en el océano es igualmente importante e incluso mucho mayor en algunos lugares. Este conocimiento es crucial para entender cómo interactúan las capas de hielo ahora y cómo lo harán en el futuro con los cambios climáticos”.
Fuente/teleSUR

martes, 10 de septiembre de 2013

Efectos de las Guerras en el Ambiente








La Contaminación y la Guerra




Por Lic. Antonio Elio Brailovsky
Ex Defensor del Pueblo Adjunto
de la Ciudad de Buenos Aires
brailovsky@infovia.com.ar

A veces olvidamos que la peor forma de contaminación y del deterioro del ambiente es la guerra. A menudo se silencian sus efectos, en nombre de una política mal entendida. Por eso mismo, nos interesa destacar de qué modo y hasta dónde la actividad militar puede ser contaminante, tanto en la guerra declarada como en la preparación para la guerra.

El primer efecto ambiental es el de usar -es decir, inutilizar- enormes superficies de terreno que podrían emplearse para otros fines. Como todavía pensamos en ejércitos como los de San Martín y Bolívar, nos cuesta trabajo darnos cuenta de la medida en que un ejército moderno es un enorme devorador de espacio y lo que ocurre con ese territorio.
Los ejércitos de la época de Alejandro Magno necesitaban apenas un kilómetro cuadrado para ubicar cien mil soldados. Para la misma cantidad de soldados, Napoleón necesitaba no menos de veinte kilómetros cuadrados. En la primera guerra mundial se usaron doscientos cuarenta y ocho; en la segunda guerra mundial ya eran cuatro mil kilómetros cuadrados y los ejércitos actuales requieren cincuenta y cinco mil quinientos kilómetros cuadrados por cada cien mil soldados en maniobras.
Sobre el efecto ambiental de esas maniobras, un estudio hecho en los Estados Unidos, sostiene que "con su violencia coreografiada, las fuerzas armadas destruyen grandes sectores del territorio que en un principio deberían protegen Las tierras utilizadas para juegos bélicos tienden a sufrir una grave degradación. Las maniobras destruyen la vegetación natural, perturban el hábitat natural, erosionan y condensan el suelo, sedimentan corrientes y causan inundaciones.
Los radios de bombardeo convienen el terreno en un desierto lunar marcado de cráteres. Los campos de tiro para tanques y artillería contaminan el suelo y las aguas subterráneas con plomo y otros residuos tóxicos. Algunos proyectiles antitanque, por ejemplo, contienen bastoncillos de uranio. La preparación para la guerra se parece a una política de tierra quemada contra un enemigo imaginario.
"En los frágiles entornos desérticos, pueden hacer falta miles de años para la recuperación de sistemas naturales. El desierto del sur de California sigue mostrando las cicatrices de las maniobras de tanques realizadas por el general George S. Patton a comienzos de los años cuarenta. Y aún mayores son los daños en Libia, donde los ejércitos británico y alemán tuvieron grandes enfrentamientos durante la Segunda Guerra Mundial".
La guerra del Golfo Pérsico -para dar sólo un ejemplo- provocó consecuencias ambientales muy profundas, tanto en espacios naturales como en los urbanos. Inmensos ejércitos desplazándose por los ecosistemas del desierto provocaron daños enormes sobre los suelos, la vegetación natural y la fauna.
Paradójicamente, la misma guerra suministró sus anticuerpos. Las superficies minadas son tan extensas que durante décadas nadie se atreverá a internarse en esos desiertos, lo que, al menos, no obstaculizará los mecanismos de regeneración natural.
La destrucción de las redes de aprovisionamiento de agua de las ciudades provocó epidemias a las que no se pudo hacer frente, ya que los sistemas de salud estaban desarticulados. Algunas enfermedades se difundieron por simple falta de higiene, pero otras a raíz del bombardeo a los arsenales preparados para la guerra bacteriológica.
Una perversa forma de estrategia llevó a disimular instalaciones militares en áreas urbanas o muy pobladas. Muchas de ellas fueron descubiertas por los sistemas de espionaje y bombardeadas. No hace falta insistir mucho en los efectos de esos ataques sobre la población civil: La propaganda sobre los bombardeos "quirúrgicos" no debería ser tomada demasiado en serio.
No conocemos los efectos provocados por contaminación radiactiva debidos al bombardeo de instalaciones nucleares, pero parecen haber existido, lo mismo que la dispersión de gases tóxicos al atacarse sus depósitos y fábricas.
Al iniciarse la primera guerra del Golfo, se advirtió que el eventual incendio de pozos petrolíferos podía provocar grandes nubes que impidieran la llegada de los rayos del Sol a la Tierra. Existía, se dijo, el riesgo de grandes heladas y de pérdida de cosechas por falta de fotosíntesis. Afortunadamente, el cálculo fue inexacto, el incendio de centenares de pozos de petróleo alteró el clima local, pero no llegó a afectar el clima del mundo.
Aún así, sus efectos fueron catastróficos; las enormes nubes de hidrocarburos afectaron amplias zonas. En Oriente Medio se hicieron frecuentes las lluvias negras que mataron la vegetación y contaminaron los cursos de agua y se espera un gran aumento de los casos de cáncer.
Los derrames de petróleo en el mar han llevado a la muerte de los arrecifes de coral, con la pérdida de la fauna marina asociada y la destrucción de un ecosistema que puede tardar miles de años en recuperarse.
En las guerras recientes se utilizaron proyectiles con uranio empobrecido. Se trata de un material radiactivo que tiene la ventaja desde el punto de vista militar, de ser muy pesado, con lo cual puede perforar blindajes con mayor facilidad, y que se incendia al hacer impacto. El efecto ha sido el dispersar enormes cantidades de materiales radiactivos, con las consecuencias previsibles sobre la salud humana y los ecosistemas.
La actividad militar en tiempos de paz tiene efectos menos catastróficos, pero fuertemente negativos. La forma en que los artefactos bélicos consumen recursos naturales escasos suele ser espectacular y muy poco tenida en cuenta por quienes ponen el acento en la superpoblación. Un automóvil corriente puede recorrer unos diez kilómetros por litro de combustible y un tanque Abrams M-1 anda apenas veinte metros por litro.
En una hora de marcha, ese auto gastaría unos diez litros de combustible. En el mismo lapso, el tanque consume mil cien litros, un bombardero B-52 gasta trece mil setecientos litros y un portaaviones consume veintiún mil trescientos litros de combustible. Como resultado, el Pentágono usa en un mes la misma cantidad de energía que gasta en un año todo el sistema de transporte masivo de los Estados Unidos.
Un tema del que nadie quiere hablar es qué se hace con el material bélico que termina su vida útil. Los explosivos -al igual que muchos otros productos químicos, como los antibióticos- tienen una vida útil determinada, después de lo cual ya no actúan adecuadamente. Pueden estallar antes o después de lo previsto, o no hacerlo, o explotar espontáneamente, o hacerlo con una intensidad diferente de la esperada.
Todas las fuerzas armadas y de seguridad del mundo tienen que deshacerse de la munición vencida, operativo extremadamente peligroso y, a menudo, contaminante. En ocasiones se la destruye, pero muchas veces se la venden a otros países, ocultando su calidad o la derivan para usos civiles. Ésa es una causa frecuente de accidentes cuando se emplean explosivos en la minería o para la demolición de edificios.
Con este dato, no sorprende saber que las fuerzas armadas del planeta aportan el diez por ciento del total de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Además, usan el once por ciento del cobre, el nueve por ciento del hierro, el seis por ciento del aluminio que se consume en el mundo, y así, sucesivamente, con muchos otros minerales.
"En su incesante búsqueda de proezas y preparación -dice un estudio ya citado- las fuerzas armadas están envenenando las tierras y a las gentes a las que deberían en principio proteger. Residuos tóxicos militares contaminan el agua utilizada para beber y para el riego, matan a los peces, ensucian el aire y hacen inutilizables vastas extensiones de tierras para las generaciones venideras. Después de haber sido durante décadas los vaciaderos de un caldo letal de materiales peligrosos, las bases militares son ahora para la salud, bombas de tiempo que estallan en cámara lenta".
Producir, almacenar, reparar, transportar y descartar armas convencionales, químicas y nucleares genera enormes cantidades de materias perjudiciales para la salud humana y el ambiente. Estos desechos incluyen combustibles, pinturas, disolventes, metales pesados, materiales radiactivos, pesticidas, bifenilos policlorados, cianuros, fenoles, ácidos, álcalis, propulsantes y explosivos. Las fuerzas armadas de Estados Unidos y de la ex Unión Soviética han sido durante largos años, los principales productores de desechos tóxicos del mundo.
En todos los países, el grado de secreto que rodea estas actividades dificulta el control de la contaminación. Los cambios en el mapa político del mundo y el fin de la guerra fría muestran ahora lo que se ocultó durante décadas. Tanto las bases norteamericanas en Europa Occidental como las soviéticas en Europa Oriental son puntos de muy alta contaminación, en los que se han volcado desechos tóxicos de todo tipo, se han arruinado grandes extensiones de suelos y de napas subterráneas. A punto tal que un tema político delicado es definir quién va a pagar la descontaminación de esos terrenos.
A lo anterior se agregan las enfermedades ocupacionales en el personal que trabaja en las bases militares, manipula sustancias tóxicas de uso bélico o que se desempeña en la industria de armamentos. Es este un tema del cual empieza a hablarse desde hace muy poco tiempo en otros países y aún no se ha mencionado en la Argentina.
Pero los efectos ambientales no se reducen a los provocados por los ejércitos regulares. También los movimientos guerrilleros son responsables de una intensa degradación ambiental. Por ejemplo, los grupos irregulares de Colombia han efectuado numerosos atentados a los oleoductos, para afectar la economía del país. Solamente en 1988 hubo más de medio centenar de estos atentados, con la consiguiente contaminación de suelos, de aguas superficiales y subterráneas.
Agregamos que las instalaciones militares son susceptibles de accidentes y atentados, con graves consecuencias sobre la población civil, como ocurrió en la Fábrica Militar de Río Tercero (Córdoba).
Y cuando los dos bandos actúan conjuntamente, la situación puede empeorar notablemente, como ocurrió en diversos países de América Central, donde gran parte de las tierras en las que se efectuaron combates fue arrasada. Continuos incendios, bombardeos y sabotajes fueron transformando los campos de batalla en un desierto. "El Salvador es un desastre ecológico que ya ha sucedido. Sus vecinos son desastres ecológicos en varias etapas por suceder", sostuvo el periodista Walter Anderson, de Los Angeles Times.
Pero si las guerras convencionales y aún la paz armada provocan serios impactos ecológicos, está claro que la peor situación posible se encontraría en la eventualidad de una guerra nuclear.
A lo que ya se sabía sobre los efectos de las explosiones atómicas y las radiaciones se agregaron en la década del ochenta, una serie de hipótesis sobre la forma en que una guerra atómica podría llegar a afectar el clima mundial. Las conclusiones de diversos estudios sobre este tema reforzaron, en su momento, las políticas de distensión entre el Este y el Oeste. Quedaba claro que el ganador de una guerra nuclear no podría habitar el planeta que tan duramente conquistara.
Veamos por qué.
Una gran cantidad de bombas atómicas provocaría la destrucción casi total de la capa de ozono, con los previsibles efectos devastadores sobre los que sobrevivieran. Se agrega que hoy los huecos de ozono pueden reconstruirse en un verano, pero no sabemos cuánto tiempo tardaría la recomposición completa del ozono atmosférico. ¿Podrían ser tiempos geológicos?
El conjunto de incendios y explosiones inyectaría una gran cantidad de humo y polvo en la estratosfera, la que es enormemente estable. Ese humo y polvo estarían allí durante mucho tiempo, oscureciendo la atmósfera terrestre. La temperatura descendería bajo el punto de congelación y las plantas morirían de frío o por falta de fotosíntesis. La expresión "invierno nuclear" fue el golpe final que terminó por desplazar políticamente a los belicistas de las grandes potencias. Nadie estaba dispuesto a correr ese riesgo. @

(*) Del libro "Ésta, nuestra única Tierra", Buenos Aires, Editorial Maipue, 2004, cuya autoría pertenece al escritor de esta nota.