viernes, 13 de junio de 2014



El Calentamiento del Planeta Tierra. Causas y Consecuencias.
El futuro de la humanidad está en eminente peligro. Nuestro planeta está en riesgo y de manera inexplicable pareciera que no existe atención seria, por algunos países, ante el calentamiento de la Tierra.
    Los expertos en materia ambiental han advertido del eminente peligro en el que se encuentra nuestro planeta y sus incalculables consecuencias sobre los ecosistemas y la diversidad biológica; sin embargo, las grandes potencias responsables de ésta eco-crisis (Estados Unidos, China, entre otros), se niegan a firmar el tratado de Kyoto.

    El calentamiento del planeta y sus efectos adversos sobre los ecosistemas, deberían ser materia de preocupación para los dirigentes del planeta, jefes de estado, hombre común y corriente y, en particular, a quienes conducen las políticas educativas en el mundo.

    El fenómeno inducido por las emisiones de gases que se almacenan por un tiempo muy prolongado en la parte alta de la atmósfera, la cual tiene la propiedad de absorber la radiación de tipo infrarroja hace que se caliente el planeta en general. Algunos lo confunden con el llamado “efecto invernadero”, lo cual es un error, ya que este efecto es natural del planeta y se debe a la presencia del vapor de agua en la atmósfera; es el que permite una temperatura aceptable para la subsistencia de los ecosistemas.

    El calentamiento del planeta Tierra se produce, entre otras cosas, por el uso indiscriminado de energía fósil, es decir el petróleo, que acelera por supuesto el “efecto invernadero”.

    El fenómeno surge a partir de la revolución industrial y del consumo irracional de combustibles fósiles, los cuales son generadores de Dióxido de carbono, (CO2), Metano (CH4), Öxido nitroso (N2O), Hidrofluorocarbonos (HFH), Perfluocarbonado (PFC), Hexafluoruro de azufre (SF6), todos compuestos contaminantes atmosférico.

    Para los expertos del panel Intergubernamental sobre cambios climáticos, en su último informe advierten, un cambio en la temperatura  a finales de siglo, Los expertos predicen aumentos de olas de calor de frío, tormentas, inundaciones, y la propagación de enfermedades tropicales en áreas templadas afectando la salud de seres humanos , ganado y cultivos.

    La conferencia sobre cambios climáticos efectuada el mes de noviembre del año 2006, en Nairobi, reafirma los acuerdos en la revisión del protocolo de Kyoto, para el año 2008.

  A pesar, de la negativa de los Estados Unidos de Norte América (mayor consumidor de energía fósil del mundo y productor mundial de 20% de las emisiones de gases agotadoras de la capa de ozono), el tratado de Kyoto es ratificado por 166 países. El protocolo de Kyoto impone a las naciones industrializadas metas obligatorias de emisiones de dióxido de carbono, principal causante del calentamiento global, con el objeto de reducirlas entre los años 2008 y 2012 en 5,20% respecto a los niveles del año1990.

    Además, de los significativos aportes de Kyoto, una gestión importante exige de la aplicación de medidas políticas a escala planetaria, como la de impulsar tecnologías para la sustentabilidad, un gran esfuerzo educativo, capaz de modificar las actitudes y comportamientos como, la propuesta de la “DECADA DE LA EDUCACIÓN PARA LA SUSTENTABILIDAD”.

    En relación a este esfuerzo, ya existe en nuestra Constitución Bolivariana, la obligatoriedad de la aplicación en nuestros planes y programas de estudios de la Educación ambiental. Además, de los cambios en los patrones de consumo, erradicación de la pobreza, agua potable, mejoramiento de los servicios básicos y calidad de vida.

    Se trata de redefinir un modelo de cambio de valores para lograr, a través, de la concientización de los impactos ambientales, la promoción de productos amigos del ambiente, y de una consolidada educación ambiental a todos los niveles, tanto formal como informal, Todo ello, aunado a una propuesta de desarrollo sustentable, entendido como: “el que satisface las necesidades del presente sin dañar la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”( Informe Brundtland,1987).

    Se define un nuevo modelo económico-social donde las riquezas naturales estén al servicio de las mayorías, y su explotación e intervención se realicen de manera racional distribuidas de una forma equitativa:

por: Efrén Meléndez B.

Ambiente y educación....



La Educación Ambiental, como una Opción.
    El tema de la educación ambiental, surge a nivel internacional en el año 1972 con la Declaración de Estocolmo, la cual expresa en su principio 19 lo siguiente:
Es indispensable una labor de educación en cuestiones ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos y que preste la debida atención al sector de población menos privilegiado, para ensanchar las bases de una opinión pública bien informada y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades inspiradas en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del medio en toda su dimensión humana (Declaración de Estocolmo. 1972).
     La declaración considera que:
Hasta ahora la educación ambiental se ha limitado a transmitir conocimientos científicos, relacionados con los ciclos de la materia, los flujos energéticos, las reacciones químicas y biológicas y las relaciones de causa – efecto que se establecen entre todas esas cuestiones, con el objetivo de lograr cambios de actitud individual. Ha predominado una visión reduccionista, técnica y operativa de los problemas ambientales, como si el medio no hubiera sido transformado por la acción de los seres humanos  y la sociedad. Con dichas orientaciones, la educación ambiental aparece como “políticamente aséptica” y “neutral”, pues no apunta al corazón del problema: la responsabilidad social del modelo civilizatorio dominante en el desencadenamiento de la crisis ambiental del planeta, lo cual apunta al estilo de vida generado por el capitalismo con sus patrones de derroche consumista de materia y energía y con la explotación de millones de seres humanos.   
por: Efrén Meléndez    
    La Educación Ambiental, aunque no es la panacea para resolver los grandes conflictos ambientales de la sociedad actual, puede considerarse como una opción en la resolución de los grandes problemas ambientales de la sociedad moderna.
    La creación de una conciencia ecológica, a través, de la planificación de los programas de educación ambiental, para la sociedad,  por diferentes medios formales e informales, que de una u otra manera contribuirían al cambio de actitudes  de los ciudadanos y ciudadanas ante su entorno de manera positiva.

miércoles, 4 de junio de 2014

Noticias sobre el día mundial del ambiente...5 de junio...

Mediante acuerdo publicado en Gaceta Oficial

Parlamento venezolano celebrará el Día Mundial del Ambiente el próximo 5 de junio

4 junio 2014 |
Las y los diputados ratifican “los derechos ambientales como una condición inherente a la condición humana, bajo los principios de desarrollo sustentable y el paradigma de los derechos de la Madre Tierra”
La Asamblea Nacional (AN) se sumará a la celebración del Día Mundial del Ambiente, el próximo 5 de junio, a través de la promoción del debate en torno al valor ecológico, social y geopolítico de los ecosistemas y patrimonios territoriales del país.
Así lo establece el acuerdo del parlamento publicado en la Gaceta Oficial N° 40.425, en el cual las y los diputados ratifican “los derechos ambientales como una condición inherente a la condición humana, bajo los principios de desarrollo sustentable y el paradigma de los derechos de la Madre Tierra”.
Para celebrar la fecha, las parlamentarias y parlamentarios instan a los pueblos del mundo a mantenerse en movilización constante para promover los cambios globales desde sus espacios locales y regionales, indica el documento.
El acuerdo destaca que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece los derechos ambientales individuales y colectivos a disfrutar de un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado.
También resalta que el Plan de la Patria, legado político del comandante supremo Hugo Chávez Frías, establece en su 5° objetivo histórico y estratégico “el compromiso de la República Bolivariana de Venezuela para salvar el planeta y preservar la especie humana”.
Fuente/Gaceta Oficial
Texto/Sandra Izarra
Foto/Archivo

domingo, 1 de junio de 2014

Notas de Michael Löwy...sobre el Ecosocialismo...



El objetivo supremo del progreso técnico para el socialismo de Marx no es el crecimiento infinito de posesiones («el tener») sino la reducción de la jornada de trabajo y el crecimiento del tiempo libre («el ser»).

Sí, en la medida en que a menudo en los descubrimientos de Marx o Engels (y más todavía en el marxismo ulterior) hay una tendencia a hacer del «desarrollo de las fuerzas productivas» el vector principal del progreso, así como una posición poco crítica hacia la civilización industrial, principalmente en su relación destructiva del medio ambiente.

En realidad, uno encuentra en los escritos de Marx y Engels elementos para nutrir ambas interpretaciones. 

La cuestión ecológica es, en mi opinión, el desafío más grande para un renovación del pensamiento marxista en el siglo XXI. Ésta exige a los marxistas una revisión crítica profunda de su concepción tradicional de las «fuerzas productivas», así como una ruptura radical con la ideología del progreso lineal y con el paradigma tecnológico y económico de la civilización industrial moderna. Walter Benjamin fue uno de los primeros marxistas del siglo XX que planteó este tipo de problemas: desde 1928, en su libroDirección única,denunciaba la idea de dominación de la naturaleza como una «instrucción imperialista» y propuso una nueva concepción de la técnica como «dominio de la relación entre la naturaleza y la humanidad». Algunos años después, en sus «Tesis de filosofía de la historia» se propone enriquecer al materialismo histórico con ideas de Fourier, ese utópico visionario que había soñado «un trabajo que, lejos de explotar a la naturaleza, está en condiciones de aliviarla de las criaturas que duermen latentes en su seno» [2].

Hoy los marxismos todavía están lejos de haber colmado sus carencias en este terreno. Pero algunas reflexiones empiezan a abordar esta tarea. Una pista fecunda ha sido abierta por el activista ecológico y marxista norteamericano James O’Connor: es necesario agregar a la primera contradicción del capitalismo la existente entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, examinada por Marx, una segunda contradicción entre las fuerzas productivas y las condiciones de producción: los trabajadores, el espacio urbano, la naturaleza. Por su dinámica expansiva, el capital pone en peligro o destruye sus propias condiciones, empezando por el medioambiente natural —una posibilidad que Marx no había tenido suficientemente en consideración [3].

Otro interesante acercamiento es sugerido en un reciente texto de un ecomarxista italiano: «La fórmula según la cual se produce una transformación de las fuerzas potencialmente productivas en fuerzas eficazmente destructivas, especialmente respecto al medioambiente, nos parece más conveniente y más significante que el esquema muy conocido de la contradicción entre fuerzas productivas (dinámicas) y relaciones de producción (que las encadenan a las primeras). Por otra parte, esta fórmula permite aportar un fundamento crítico y no apologético al desarrollo económico, tecnológico, científico y, por consiguiente, para elaborar un concepto de progreso‘differentié’ [diferenciado] (E. Bloch) [4].

notas para la discusión.....



El objetivo supremo del progreso técnico para el socialismo de Marx no es el crecimiento infinito de posesiones («el tener») sino la reducción de la jornada de trabajo y el crecimiento del tiempo libre («el ser»).

Sí, en la medida en que a menudo en los descubrimientos de Marx o Engels (y más todavía en el marxismo ulterior) hay una tendencia a hacer del «desarrollo de las fuerzas productivas» el vector principal del progreso, así como una posición poco crítica hacia la civilización industrial, principalmente en su relación destructiva del medio ambiente.

En realidad, uno encuentra en los escritos de Marx y Engels elementos para nutrir ambas interpretaciones. 

La cuestión ecológica es, en mi opinión, el desafío más grande para un renovación del pensamiento marxista en el siglo XXI. Ésta exige a los marxistas una revisión crítica profunda de su concepción tradicional de las «fuerzas productivas», así como una ruptura radical con la ideología del progreso lineal y con el paradigma tecnológico y económico de la civilización industrial moderna. Walter Benjamin fue uno de los primeros marxistas del siglo XX que planteó este tipo de problemas: desde 1928, en su libroDirección única,denunciaba la idea de dominación de la naturaleza como una «instrucción imperialista» y propuso una nueva concepción de la técnica como «dominio de la relación entre la naturaleza y la humanidad». Algunos años después, en sus «Tesis de filosofía de la historia» se propone enriquecer al materialismo histórico con ideas de Fourier, ese utópico visionario que había soñado «un trabajo que, lejos de explotar a la naturaleza, está en condiciones de aliviarla de las criaturas que duermen latentes en su seno» [2].

Hoy los marxismos todavía están lejos de haber colmado sus carencias en este terreno. Pero algunas reflexiones empiezan a abordar esta tarea. Una pista fecunda ha sido abierta por el activista ecológico y marxista norteamericano James O’Connor: es necesario agregar a la primera contradicción del capitalismo la existente entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, examinada por Marx, una segunda contradicción entre las fuerzas productivas y las condiciones de producción: los trabajadores, el espacio urbano, la naturaleza. Por su dinámica expansiva, el capital pone en peligro o destruye sus propias condiciones, empezando por el medioambiente natural —una posibilidad que Marx no había tenido suficientemente en consideración [3].

Otro interesante acercamiento es sugerido en un reciente texto de un ecomarxista italiano: «La fórmula según la cual se produce una transformación de las fuerzas potencialmente productivas en fuerzas eficazmente destructivas, especialmente respecto al medioambiente, nos parece más conveniente y más significante que el esquema muy conocido de la contradicción entre fuerzas productivas (dinámicas) y relaciones de producción (que las encadenan a las primeras). Por otra parte, esta fórmula permite aportar un fundamento crítico y no apologético al desarrollo económico, tecnológico, científico y, por consiguiente, para elaborar un concepto de progreso‘differentié’ [diferenciado] (E. Bloch) [4].

notas para la discusión...



¿Cómo reaccionar frente a este peligro? El socialismo y el ecologismo —o, por lo menos, algunas de sus corrientes— tienen objetivos comunes que implican un cuestionamiento de la autonomización de la economía, del reino de la cuantificación, de la producción como meta en sí misma, de la dictadura del dinero, de la reducción del universo social al cálculo de márgenes de rentabilidad y a las necesidades de la acumulación del Capital. Ambos defienden los valores cualitativos: el valor de uso, la satisfacción de las necesidades, la igualdad social, la preservación de la naturaleza, el equilibrio ecológico. Ambos conciben la economía como una “pieza” en el medio: social para el algunos, natural para otros.

Se dice: las divergencias de fondo son las que mantienen separados a los «rojos» y a los «verdes», a los marxistas de los ecologistas. Los activistas ecologistas acusan a Marx y Engels de productivismo. ¿Se justifica esta imputación? Sí y no.
No, en la medida en que nadie denunció tanto como Marx la lógica capitalista de la producción por la producción, la acumulación de capital, riquezas y mercancías como un fin en sí mismo. La misma idea de socialismo, contradiciendo la miserable falsificación de los burócratas, es la de una producción de valores del uso, de bienes necesarios para la satisfacción de necesidades humanas.
El objetivo supremo del progreso técnico para el socialismo de Marx no es el crecimiento infinito de posesiones («el tener») sino la reducción de la jornada de trabajo y el crecimiento del tiempo libre («el ser»).

Sí, en la medida en que a menudo en los descubrimientos de Marx o Engels (y más todavía en el marxismo ulterior) hay una tendencia a hacer del «desarrollo de las fuerzas productivas» el vector principal del progreso, así como una posición poco crítica hacia la civilización industrial, principalmente en su relación destructiva del medio ambiente.

En realidad, uno encuentra en los escritos de Marx y Engels elementos para nutrir ambas interpretaciones. La cuestión ecológica es, en mi opinión, el desafío más grande para un renovación del pensamiento marxista en el siglo XXI. Ésta exige a los marxistas una revisión crítica profunda de su concepción tradicional de las «fuerzas productivas», así como una ruptura radical con la ideología del progreso lineal y con el paradigma tecnológico y económico de la civilización industrial moderna. Walter Benjamin fue uno de los primeros marxistas del siglo XX que planteó este tipo de problemas: desde 1928, en su libroDirección única,denunciaba la idea de dominación de la naturaleza como una «instrucción imperialista» y propuso una nueva concepción de la técnica como «dominio de la relación entre la naturaleza y la humanidad». Algunos años después, en sus «Tesis de filosofía de la historia» se propone enriquecer al materialismo histórico con ideas de Fourier, ese utópico visionario que había soñado «un trabajo que, lejos de explotar a la naturaleza, está en condiciones de aliviarla de las criaturas que duermen latentes en su seno» [2].